(amnesia / memento, recuerdos de un crimen)
2000 – «Algunos recuerdos es mejor olvidarlos»
Piénselo con memoria selectiva, todos creamos nuestra propia realidad.
El ex-investigador de seguros Leonard Shelby padece una condición de pérdida de memoria a corto plazo, causada por una lesión en su cabeza tras ser golpeado durante la violación y asesinato de su esposa. Este hecho traumático constituye su último recuerdo.
Leonard ha creado un meticuloso sistema del que depende para preservar y administrar la información que considera relevante y que cree le conducirá a hallar al culpable de su desgracia para consumar su venganza. En el transcurso de un día concluye estar cerca del infame J.G., cuando arma un rompecabezas de piezas faltantes, con la ayuda de personas que han entrado en su mundo de oscuridad conduciendole a una violenta espiral de manipulación, de la cual habrá que ver si es víctima o victimario.
Esta película desafía la mente. Si es su primera vez le demandará paciencia mientras entra en sincronía. Es complicada porque en sí misma la historia plantea un laberinto en la cabeza del protagonista, y porque se narra de una forma en que juega con la suya.
Al no ser fácil de digerir exige toda su atención. Precisará concentrarse en los hechos que transcurren viajando en el tiempo hacia adelante y hacia atrás en dos líneas paralelas que confluyen en el pico de la narración. No se preocupe, la sensación de necesitar verla otra vez no es otra cosa que un buen síntoma.
La forma en que Leonard sostiene su realidad a partir de notas, polaroids y tatuajes en su piel, ejemplifica una arista de la alienación extrema a la que la humanidad comienza a ser susceptible. Lo que solía ser «una vida normal» ha perdido aquellos límites definidos de antaño, llegando hasta puntos inverosímiles y a veces nocivos.
La diversidad, en el afán de la individualidad, ha permeado también esa normalidad, y aquello que cabría dentro de ella se ha convertido en una opción personal, que mantiene una lucha simultánea por abrirse espacio dentro del concepto ineludible de pertenecer a algún grupo.
Malo o bueno, estamos en la época donde la opción individual parece prevalecer aun cuando esta se base en una mentira, o tenga sentido únicamente para el individuo mismo. Esa opción prevalente puede darse en cualquier escenario y las consecuencias van en cualquier dirección, a todas las escalas posibles.
Cada vez más, se aspira a labrar el propio camino con reglas propias, a pesar de que estas pudieran llegar a ser limitadas por las reglas del rebaño, las que son comunes a todos.

Leonard: «Todos nos mentimos para ser felices.«
* * *
La historia original fue escrita por Jonathan Nolan y fue publicada sólo hasta que se completó la producción del film para que pudiera ir nominada como mejor guión original a los premios de la academia, evitando la categoría de guión adaptado. Esta lleva por título «Memento mori».
Fruto del trabajo conjunto de Jonathan y su hermano Cristopher, el escrito mereció la nominación en 2002 a mejor guión original, enfrentándose a «Gosford Park» (ganador), «Amelie», «The royal Tennenbaums», y «Monster´s ball».
Se cristalizaba así el segundo largometraje del afamado director, quien cuenta en la actualidad con títulos de mucha relevancia que le brindan solidez a su brillante carrera. En «Memento» ya se aprecia su estilo único, y su clara inclinación hacia la complejidad de las historias y su forma de ser narradas.
Bastará con decir que Cristopher Nolan tiene en su haber los guiones de «The dark night», «Inception», «Interstellar», «The prestige» y «Oppenheimer». Su obra habla por sí misma y sus logros son superlativos en todos los aspectos de la producción y dirección. Cada film goza de una sorprendente profundidad temática que es desarrollada virtuosamente. Sus narraciones transcurren en diversas capas que enriquecen la grandiosa experiencia visual presente en cada una de ellas.
Las historias memorables, el reto para el espectador, la sonrisa después de terminar, son apenas argumentos que les llevan en conjunto a la categoría de imprescindibles.

* * *
No ocurrió el temido Armagedón Y2K de los sistemas informáticos en el cambio del milenio. Llegó el 2000 y todo siguió igual, en algunos casos para peor. El mundo se tornó más violento, presenció movimientos récord en la economía y es probable que también en la corrupción.
El cambio de milenio tuvo esa sensación, a caso ineludible, de ser el inicio de una nueva era. Quizá la mayoría se halló sintonizada en una perspectiva positiva o de cambios favorables, por fortuna también en parte terminó siendo así.
Memento alcanzó éxito en todo nivel, desde el box office hasta la crítica y el público. Obtuvo entre otras distinciones dos nominaciones al premio Oscar, la mencionada para los hermanos Nolan y por edición para Dody Dorn, sin llegar a los galardones. La ganadora de esa noche fue «The fellowship of the ring» primera de la trilogía, que compartió honores con la sublime «A beautiful mind».
Del año 2000 se destacan buenas películas, para ver o repetir: «The cell», «Billy Elliot», «Requiem for a dream», «Snatch», «Melina», «Gladiator», «American psycho», «Almost famous«, «Amores perros»… la lista sigue.
Ese año Catherine Zeta Jones me dejó por Michael Douglas, se descifró el 90% del genoma humano, se podía hacer a una playstation 2 o al único smartphone pionero disponible, que no era tan listo y costaba más de 700 dólares.
También ese año, en un momento singular se alinearon los siete astros conocidos en la antigüedad, a lo mejor como cábala, mientras otra vez caían una tras otra las profecías del fin del mundo.
Mano a mano con el pop y movidas relacionadas, el rock tuvo una franca recuperación y más presencia, con profusión de novedades. En el #2 del Billboard hot 100 estuvo «Smooth» por Santana, y a lo largo del conteo otras como «Bent» por Matchbox twenty, «Higher» por Creed, «Kryptonite» por 3 doors down y «Other side» por Red hot chilli peppers.
De ese año pare oreja a los trabajos de Linkin Park («Hybrid theory»), The hives («Veni vidi vicious»), The wallflowers («Breach»), Rage against the machine («Renegades»), U2 («All that you can´t leave behind»), A perfect circle («Mer de noms»), Deftones («White pony»), Green day («Warning»), Limp bizkit («Chocolate starfish…»), Coldplay («Parachutes»), The white stripes («De stijl»), Iron maiden («Brave new world»), y también si se atreve ahí está Radiohead («Kid A»).
En español el rock pataleaba en la piscina del pop y las baladas. Aunque poco por rescatar y pecando de benevolencia, tal vez el debut de Juanes («Fíjate bien»), La ley («Uno»), Mago de Oz («Finisterra»), y Elefante («Azul»).
Pare de contar, sin percatarnos ya tomaba ventaja la tendencia en la que todos los sabores se sienten demasiado parecidos entre sí, la maldición de la fusión estaba dicha.
Para el receso vaya directo a «In the end» por Linkin park, oiga sin prisa a lo que aspira ser todo álbum debut.
Mención de honor para «Hate say i told you so» por The hives, «Judith» por A perfect circle, y «Change», por Deftones.
Si no sabe de qué músicas le estoy hablando, pues lo siento, no ha de ser rockero. Pero ánimo, siempre hay cómo rehabilitarse.
Para que oiga, le dejo esta playlist:
notas del muro – 2000 playlist by pepebogota on Spotify
* * *
La historia de Leonard es tan impredecible como lo que ocurre en su cabeza. Todo lo que parece ser de una forma también parece ser de otra y el papel que juega cada persona en su mente es un libro en blanco cada vez que le vuelve a ver.
Un ser que encuentra cada situación como nueva aunque sienta que ya la vivió, y que se vale de su método para obtener la información que llena los espacios. Guy Pearce lo encaja con maestría.
Las actuaciones de Carrie-Ann Moss y Joe Pantoliano también son destacadas. Cada uno logró imprimir esa ambigüedad y misterio en sus roles, ambos son entes que aparecen aleatoriamente frente a Leonard como alucinaciones distintas entre sí, una difusa y lejana (Natalie) y otra omnipresente (Teddy). Sus personajes se van desarrollando al ritmo progresivo de complejidad narrativa en esas dos vías temporales, y hasta cuando estas se aproximan al giro final, ninguno deja entrever sus verdaderas intenciones.
Los planos cerrados reinciden para hacer énfasis en ese mundo unipersonal donde los detalles son vitales. Siempre estamos más cerca del rostro de Leonard que de los demás, el reto es entrar en su mente.
El uso del blanco y negro logra brillantez en homenaje al film noire. Alternado con el color, son la forma de apoyo para las dos vías narrativas. En ambos casos despliega una estética que acentúa el tono, donde la sombra y la luz son protagonistas en la dualidad presente sobre todos los aspectos.
El motel luce como diseñado por Escher intencionalmente, se está perdido con Leonard al darse cuenta de que ya estuvo ahí o que ha hablado antes con esa persona, sin poder recordar nada. Si bien es cierto que todo podría llegar a parecer confuso, hay un punto de inflexión donde el esquema se ralentiza y llega a simplificarse en el preludio del asombroso desenlace.
Con la pregunta constante sobre quién miente a quién, quizá llegue a empatizar con este hombre que probablemente se mienta a sí mismo. Se podría acaso olvidar su verdadera esencia?.
Véala sin prisa, sumérjase en la mente de un personaje que está perdido en ella. Si se la va a repetir, mejor. Buen provecho!.


Debe estar conectado para enviar un comentario.