«el que come de todo no aguanta hambre»

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Piénselo desprevenido, quizá su primera reacción lo lleve hacia lo sexual o gracias a la prudencia piense en comida.

La cita es de mi padre, con quien compartíamos del mismo plato una respetable porción de peto en leche con muchos pedacitos de panela que nos preparó mamá, tras haber dado de baja un caja entera de arroz chino. Almuerzo de parque en medio de la jornada laboral, en uno de esos tantos que se encuentran en la sabana calles más allá o más acá.

Hablamos sobre esta promiscuidad alimenticia mientras degustábamos plácidos, sin afán alguno, cada bocado de ese dulce color caramelo. En cualquiera de las ciudades en estas latitudes, sobre o a los pies de los Andes, hay tal profusión de ingredientes y creatividad culinaria, que es fácil probar con variedad, cantidad y calidad. Lo que le provoque lo hay y lo que no también.

En medio del ritmo frenético que se sufre en las urbes, contrasta que la mayoría no se toma el tiempo para comer tranquilamente, descubrir en un plato nuevo, disfrutar verdaderamente del placer de comer.

Mi progenitor reconoció que cuando el abuelo le dijo esta misma frase, el sí que se refería a hincarle el diente a la rubia y a la morena, y a la gordita o a la escasa de carnes, a la soltera y a la casada. Yo que era muy joven y demasiado correcto, tal vez no quise entender… pero eso cambió con el pasar de los calendarios.

No comer a la carrera permitirá que mi cena me alimente mejor, podré masticar lo suficiente y mi digestión será mas efectiva. Podré centrarme en las sensaciones que trae cada bocado de mi plato balanceado con ensalada, unas frituras alucinantes, un poco de arveja y pollo o de zanahoria y pescado, lo que yo quiera.

Aunque con los años dejé la carne de res por varias razones, cómo negarse a un buen asado. Es parte del moderarse incluso en moderarse. Podré beber con tranquilidad mi bebida de fruta o el vino o la cerveza y me divertiré con mi postre. Compartiré mi vianda con alguien especial charlando sobre el pasado y el futuro, sin detenernos en el tiempo.

No hay por qué almorzar contra reloj para salir a la calle a seguir corriendo. Coma despacio, le gustará y su cuerpo se lo agradecerá.

Si no pudo apartar el sexo de su mente, lo entiendo. También es delicioso. Creo que de todas formas podría darme la razón en que en la variedad está el placer.

Si lo suyo es la monogamia, pues igual no tiene por qué restringirse demasiado y siempre hay una forma de introducir la diversidad, ahí si le toca ser más creativo en cuanto a los lugares, las circunstancias o los deseos de cada uno.

Tómelo con calma.

Considere y adopte una alimentación buena, limpia y justa. No deje a un lado nuestra riquísima comida tradicional que es un patrimonio invaluable, compre en la plaza de mercado y no pida rebaja, más bien deje el cambio.

Permita que en la cama o en la mesa la multitud de sabores lo llene de sensaciones que pueden llegar por primera vez o repetirse. Coma lo que quiera sin olvidar que de todas formas hay que cuidar lo que se lleve a la boca.

Sorpréndase, de eso se trata.