«por si las pulgas»

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Piénselo, la previsión no puede seguir siendo un privilegio femenino o de unos pocos aventajados hombres.

La cita es de Don Pablo* quien siempre me hace sonreír cuando sienta a sus amigos perros con la orden implícita que imparte con el gesto de su mano izquierda de esperar en ese lugar exacto donde les indica, mientras ellos simplemente se quedan ahí sacando sus lenguas echados esperando hasta que el aparece y les dice que se levanten.

Hablamos de este equipaje preventivo necesario, mientras contemplábamos los cerros orientales y el cielo azul sentados en una banca de parque.

Este señor sacaba de su maletín buena parte de su catálogo de empaques de todos los colores contenedores de productos contra todos los males, y que vendidos le dan para comer a él y al cuarteto de bestias.

Pero no encontraba lo que buscaba y comenzó a esculcar en una impresionante cantidad de bolsillos que tenía en su vestuario, hasta que sonrió al encontrar una barrita que parecía un cuarzo.

Entonces empezó a frotársela por la cara y el cuello.

«¿quiere un poquito?»

Mientras yo me negaba sin musitar palabra, me explicó que se ponía feromonas para atraer una esposa, pero que hasta ahora solo había conseguido unos cuantos polvos, y aún no estaba seguro si era por la forma en que olía o por su irresistible atractivo.

Cuando temí que comenzaría a contarme detalles de su vida sexual le propuse que fuéramos a caminar para cambiar de tema y aceptó por fortuna, entonces tomamos el rumbo del norte por la séptima escoltados por los canes.

Por el lado del Planetario nos cruzamos con una mujer que por alguna razón le reconoció, y vino a preguntarle si tenía el ungüento para el juanete.

Este hombre se transformó al instante en el comerciante que no deja escapar un cliente, no le permitió irse hasta que le compró no solo el ungüento, sino también la crema para las arrugas y el preparado con cannabis para el dolor en las articulaciones.

Cuando se fue la señora, me mostró un papelito donde tenía anotado su número de teléfono. Sintiéndose maestro de la conquista alardeó y me dijo, «tengo la feromona disparada hoy».

Se puso tan contento que me preguntó si quería una foto con los perros y sin mas remedio le dije que sí. Entonces les dio la orden y los cuatro se pusieron en dos filas y en un acto digno de un concurso don Pablo tronó los dedos y se abrazaron colocando las patas en el cuello del que tenían al lado. Quedé en la foto boquiabierto, como siempre, y aunque quise pagársela, el se negó por el regocijo de su día afortunado.

Si no ha conseguido una pareja, o no le gustan las pulgas, le sugiero que siempre lo tome con calma. Como cada momento de cada día el esfuerzo debe ir hacia bajar la velocidad, incluso en su trabajo, sobre todo si vende pomada Víbora para los callos.

Haga otro esfuerzo, no desfallezca frente a quienes tienen afán porque ellos querrán llevarlo a ese ritmo. Defienda su estado de calma a cualquier costo. Sin prisa comenzará a notar las ventajas de ir más despacio y podrá disfrutar de las payasadas que hacen los perritos cada que pueden.

Recuerde cerrar la boca y abrir los ojos para el instante de la foto, atinarle a eso también requiere de paciencia.