«se le tiene»

Published by

on

La gran plaza, aunque vertiginosa, va despacio

Piénselo con la tranquilidad que da tenerlo todo en abundancia, pero no olvide que si seguimos abusando de nuestro planeta acabaremos con todo, incluyéndonos.

31/10/08

La cita es de Paola*, que entre otras delicias vende jugo de borojó, respondiendo al preguntarle por la arepa boyacense que hace tan buena pareja de esta bebida estimulante. Es singular el menú, pero también fácil de encontrar en alguna calle de Bogotá. 

Esa mañana dedicaba mi tiempo a buscar unos cachos de esos que alumbran en rojo sobre una diadema muy práctica a lo AC/DC, los quería para el disfraz del 31.  Seguro de que los encontraría por ahí cerca a la Pepe Sierra, pedaleaba y me encontré con este pasante maravilloso al que me le mido sin pensarlo, incluso a veces como desayuno.

Armado de vaso lleno y arepa fresca escuchaba como siempre a la señora vendedora, que vive a toda hora muy contenta y sonriente aunque tenga gripa y trata a todos de mi amor para arriba. 

Ella no dejaba de hablar diciendo algo sobre un arreglo en su casa, alguna vez me contó que la compró a punta de vender jugos y café por la calle, lo que es mucho decir para muchos otros que trabajan en la calle todos los días.

Seguí caminando por la avenida 19 esperando encontrar los cachos del demonio y pensaba en las frutas que no conocen al otro lado del mundo y que tenemos aquí. En nuestros países subdesarrollados de América, que son privilegiados como el mismo planeta tierra entre los planetas de esta esquina del universo, poseemos una variedad de frutas que puede acercarse a los cientos.

Entre ellas hay para escoger y disfrutar, aún en la selva de concreto donde cada par de esquinas encuentras a alguien que ofrece una ensalada de frutica picada, o un mix de papaya y mango, es una fortuna completa una porción de sabor alucinante a cambio de una moneda.

Ahora, si lo que necesita son unas pilas, un gorro para el frío, un cortauñas, un curso de inglés, un artefacto para jugar tenis solitario, unas medias tobilleras con estampado, una oblea, una llamada, un travesti, una planta, un kit escolar, un almanaque bristol, un vistazo a los cerros, una fábrica portátil de bombas de jabón, un mantel decorado, una casa para perro, unas gafas de sol, casi que cualquier cosa por inverosímil que le parezca, podría encontrarla por allí caminando.

Es como todo en el mundo, hay tal profusión de todo, sano y tóxico, que este planeta único, rebosante, nos brinda por cantidades que malgastamos sin contemplación.

Somos muy afortunados al tenerlo todo, pero mas bien poco a la hora de administrarlo. Somos abusivos y despilfarradores, no somos previsivos ni cautos. Vamos rápido, y muchas cosas se acaban, animales extintos, árboles que murieron, agua que no brota.

Aún hay abundancia pero eso a pocos les importa y la humanidad quiere consumir todo.

¿Qué será de este, nuestro hogar, en unos cuantos años?