«… y usted quién es?»

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Piénselo inmerso en usted mismo, no sea que al verse en el reflejo no sepa quién lo está mirando.

Así me dijo sin mayor asomo de desafío Don Jerome*, que es descaradamente franco y directo. Agradezco eso en las personas porque yo mismo intento serlo aunque a veces resulte difícil y cueste tanto.

Nunca lo había visto antes, pero todos los que estaban en el parque de los novios esa tarde hablaban con el como si fuera de la familia. Parece que vive por ahí cerca y lleva de paseo todos los días, aunque llueva, a su hermosa bóxer café de pecho blanco.

Es un jubilado joven, tal vez ronda los cincuenta. Son dos datos que lo convierten en algo parecido a un unicornio. Lo que dicen los asiduos es que trabajaba como ingeniero para la fuerza aérea, es un genio de la matemática.

Provisto como pocos de la capacidad de no hacer nada y no estresarse en el intento, se distrae conquistando o dejándose conquistar de cuanta desprevenida le da papaya, es todo un tumbalocas, o si se quiere un playboy. Con el funciona lo de crear la fama y echarse a dormir, y también lo de poner la bala donde pone el ojo.

Volviendo a aquella tarde, el joven pensionado me disparó la pregunta porque yo estaba contemplando con una sonrisa en la cara a la perrita mientras el la acariciaba, y algo celoso se quedó mirándome como el bicho raro montado en bicicleta que en efecto soy.

Por supuesto no supe de primera qué contestarle.

Al tanto de que puedo tomarme todo el tiempo que necesite para responder esta pregunta o cualquier otra mucho menos difícil, me detuve a considerarlo.

Es un asunto bien complicado, y me hallé en dificultades para saber por donde empezar, así que por prudencia callé y el hombre lo tomó como un desplante. Entonces torció la boca y se fue a hablar con la señora de los helados.

Quizá alguien recomiende «diga su nombre» pero un apelativo que fue escogido para mi realmente puede decir poco mas que soy hijo de mi padre y no he compuesto un nombre artístico que no requiera manual de interpretación.

Otro podría aconsejar «diga de dónde viene», ahí tendría que decir a todos que usted, yo y cada uno venimos del mismo lado: las estrellas. Somos la manifestación remanente de sus nacimientos y en palabras de Carl Sagan también una forma de que el cosmos se conozca a si mismo. Esa es una respuesta que ya he probado con otros que también torcieron la boca y me miraron mal.

Alguien más podría sugerir «diga qué hace en la vida» aunque eso al final de cuentas puede hablar mal de muchos. Debo informar que la profesión o el oficio tampoco nos define, así como no lo hace hablar del grupo al que pertenece o el estado en que se encuentre su mente.

Después, meditándolo en soledad, creí que lo mejor habría podido ser confesar mi calidad de padre de dos mujercitas increíbles, o hijo de una heroína, o hermano y pareja de un bello par al borde de un ataque de nervios, pero ni siquiera eso lo dictaminaría como se debe.

Me atrevo a especular que en la actualidad a pocas personas les lanzan semejante pregunta. Puede tener solapado un tono algo agresivo – o al menos negativo – y muchos estarían indignados de solo escucharla. Conozco a mas de una que diría: «¿qué tal este?».

Si ya se lo han preguntado, aunque haya tenido que meditar mucho la contesta o no, le sugiero que le traiga de los recuerdos a ver si hoy le satisface. Lo que está demostrado por los científicos invisibles es que con el paso del tiempo esa respuesta debería cambiar.

Ahora bien, si no se lo han preguntado nunca, hágalo usted mismo lo más pronto posible, mirándose a los ojos, antes de que se le adelanten y tenga que rendir descargos ante terceros.

Pregúntese de vez en cuando y de cuando en vez, a ver si es cierto que siendo los mismos nos transformamos en alguien más. Mastique esa respuesta sin prisa, esta no es para nada fácil. Saber quién es uno puede ser una de las tareas más difíciles. Es mas, no se crea lo primero que le venga a la cabeza, es para pensarla más de dos veces, o más de dos veces dos.

Si también le gusta acariciar a la perra, continúe. Rasque en la barriga despacio y rápido. Si mueve la pata como si quisiera correr es porque lo está haciendo como un experto, y seguro que ella lo está disfrutando tanto como usted.

Desacelerar es otro camino hacia la introspección y sobre todo hacia el oasis que vive en la panza de los perritos jadeantes.

Quién más podríamos ser, sino lo que habita dentro de nosotros?

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