Piénselo abriendo bien los ojos, que son las ventanas del alma.
Cuando están abiertos la luz entra e impulsos eléctricos imprimen en nuestro cerebro una imagen que nos hace pensar algo y entonces vemos, mientras afuera nuestra esencia pareciera revelarse a través del iris.
Yoya dice esto cada vez que algo le gusta, y si a ella le gusta algo o alguien, va por ello sin dudarlo y creo que debe ser infalible. Rubia de pelos crespos, voluptuosa, con sus bellos ojos verdes y su risa poderosa llama la atención en todo lugar. Disfruta siendo perturbadora, debe gustarle que la observen, es una pilla.
Me pidió que la acompañara al shopping por un rato, dice que prefiere hacerlo acompañada como todo lo demás. Recién comenzando puso su atención en un pantalón de dril color naranja y siendo consecuente ni siquiera pensó en ir al probador, eran de su talla y estaba segura – como yo – de que le quedaría perfecto, atrapando esas caderas y toda su «cola de gata» como llama ella a su hermoso trasero.
Caminábamos por los pasillos del centro comercial y me hallé en el plan de antojarse de todo para no comprar nada. Ella feliz. Por supuesto era solo mi tortuoso caso, si es que se pudiera sufrir yendo por momentos detrás de esa cola de gata.
Mientras tenía mi premio de consolación, la mona que vivía de antojo en antojo de repente encontró el lugar adecuado y debió gastar algunos cientos de miles en unos minutos. Se puso radiante. Ella misma me dijo un día que ir de compras era afrodisíaco. Hubiera podido llegar a pensar en sacar provecho de aquello, mas no era yo ese día el objetivo de tal cachondeo.
Así que por fortuna llegó la hora de que se encontrara con su novio y nos despedimos: beso y beso porque se considera medio española, verónica, una última chequeada y olé. Por mi parte ya no quería estar mas de compras o deambulando en fila el lugar repleto y me salí un poco acalorado para ir a la calle a caminar, donde hubiera menos tráfico peatonal.
Cerca encontré el parque, destino del solitario y de los perros. Lo encontré perfecto para ponerme al sol un rato. Callado oía el rumor de los árboles con el siseo de las hojas y las quejas de las ramas, los niños, una construcción a lo lejos, a ratos la voz muda de la ciudad – que es tan distinta a la del campo – llegaba a invadirme por completo.
Todos los sonidos y sus silencios comenzaron a fundirse en una canción de ritmo atravesado y detalles únicos, entonces tuve otra vez esa sensación de estar clavado en una pelota gigante que flota en el espacio infinito. Sólo un pequeño ser que deambula una pequeña porción de un punto azul invisible en un privilegiado lugar del universo.
Hay cosas que no podemos percibir a través de nuestros ojos, solo podemos valernos de nuestra imaginación para darnos una idea. La vastedad desconocida, las distancias incomprensibles, los tamaños inverosímiles. Tanto por aprender y tanto más por desaprender.
Si nos gusta ver, especialmente cuando se trata del sexo masculino, es porque a nuestro cerebro le gusta estar trabajando. Las mujeres van mas adelantadas, son mejores alumnas, tienen la habilidad de ver sin usar los ojos, pero por experiencia puede decirse que a ellas también les gusta mirar.
No vale negarse a escuchar, a sentir, a degustar, a oler… cualquiera de los sentidos son los condimentos de nuestra experiencia. Hay quienes creen que todo entra realmente por los ojos, algunos no tienen ese problema.
Si le gustó hágale, que sea suyo, consígalo, atrévase, disfrútelo al máximo. Use todos sus sentidos contra quien lo atraiga lo suficiente, es lo que vale la pena y se queda en la memoria con el paso del tiempo. Sin afanes puede hacer que lo deseado se haga realidad.
Cierre los ojos y pídalo despacio, no lo demore demasiado que en una de esas se lo dan.

