(sueños de libertad / sueños de fuga / cadena perpetua)
1994 – «El miedo puede mantenerte prisionero. La esperanza puede hacerte libre»
Piénselo con la esperanza que no debe abandonarnos. Es la utopía que nos invita a continuar.
El banquero Andy Dufresne es condenado a prisión de por vida por el asesinato de la esposa y su amante. Al llegar donde pagará su pena se enfrenta a la desgracia apartándose de todo y todos, hace lo posible para protegerse, sin olvidar que dentro de él hay una fuerza a la que se aferra con todo lo que le queda para encontrar el mejor camino hacia su redención.
Aparece en su camino Red, otro convicto con quien entabla una amistad a prueba de los años, durante los cuales Andy encuentra formas de sobrellevar la injusticia mientras nos muestra que, aunque el cuerpo pueda estar encerrado en una celda, el alma jamás será presa.
La película tiene sus haters, quienes se refieren a esta usando principalmente la palabra «sobrevalorada». Son pocos. A otros nos encaja como una de las mejores. No es gratis que en los sitios dedicados al séptimo arte tenga las mas altas valoraciones del público y también de la crítica.
Dentro de la gran cantidad de reseñas que se pueden encontrar, la mayoría son positivas. Pero no es por eso que esté aquí, esta obra merece su reivindicación cada que se pueda, así como usted merece verla por primera o enésima vez.
Una historia de amor fraternal entre dos hombres en prisión no luce como una trama que prometa mucho, principalmente por caer en el ya por entonces trillado cliché de la cárcel y la violencia ligada al drama de un infeliz que soporta un infierno insoportable para triunfar al final.
Sin embargo esta historia, en la que Andy y Red se conocen en esas condiciones difíciles y singulares, quizá con actitudes opuestas frente a su fatalidad, y el crecimiento de su amistad mientras ambos son convictos dentro de la prisión de Shawshank en un espacio cercano a los 20 años, se vale en la medida correcta del estereotipo para conjugar una historia redonda, donde la esperanza y la compasión tienen diferentes colores y matices que nos llegan con facilidad.
La opresión y el abuso de la que son víctimas los habitantes de la prisión, y que son plasmados con crudeza pero de forma sutil, en el fondo acarrean el concepto sobre la capacidad o falta de ella para superar los propios pensamientos frente a la dificultad.
Sugiere un fenómeno vigente hoy, la condición de no saber cómo poner cara a las adversidades que inevitablemente estarán para todos, aunque muchos prefieran creer que no y sean presa del pánico cuando llegan.
La felicidad permanente solo está en la publicidad y los feed de las redes sociales.
Hay una respuesta a no saber qué hacer frente a la dificultad: preguntarse constantemente qué es lo que está haciendo frente a lo que le pasa.
Entender que el miedo es paralizante y que el riesgo que vale la pena es decidirse por ser libre, con fe en uno mismo y sin prisa, porque todo lo bueno tarda.
* * *
La historia original es una novela corta de Stephen King, se coincide en que la escritura del guión es muy respetuosa del texto adaptado y alberga una gran cantidad de frases memorables en boca de sus sólidos personajes. Sea que la disfrute en inglés o en español, será evidente el lujo de escritura que posee y de no pocas frases que quedan dando vueltas en la cabeza. Aquí le dejo una:
Andy (a Red) «Supongo que, en realidad, todo se reduce a una elección sencilla. Ocúpate viviendo, u ocúpate muriendo»
Mr. King, el mismísimo «master of horror», tiene un récord imbatible de transiciones al cine, no solo en el género de terror, sino incluyendo títulos como «The shining», «Stand by me» o «Misery» (!) donde además de la obra original co-escribió los guiones.
En el caso de Shawshank, esta fue realizada de forma muy prolija por su amigo, Frank Darabont. Ambos escribieron el guión habiendo pagado Frank los derechos con un cheque cinco mil dólares, que muchos años después Stephen le devolvió como broma en un marco y con la célebre frase «En caso de que alguna vez necesites dinero para la fianza».
A esta dupla también le debemos otra joya: «The Green Mile». Gran palmarés para el escritor que vale reconocer como una de las grandes influencias del cine de los últimos tiempos, con más de 300 guiones realizados para distintas plataformas, muchos de ellos llevados a la gran pantalla.

El título de la novela de Stephen King era «Rita Hayworth and the Shawsank redemption», los encargados del mercadeo creyeron que solo acortando el nombre para cuando se lanzara en los teatros sería suficiente, pero se equivocaron.
Quedó como quedó y a fin de cuentas fue uno de los factores que estuvo en contra del éxito en taquilla del film, como lo señalarían ambos actores protagónicos, tanto Tim Robbins como Morgan Freeman: no era un nombre fácil de recordar.
Se dice que incluso acudieron actrices para audicionar el supuesto papel de Rita creyendo que la trama iba de otra forma.
Tenga en cuenta a la espectacular Rita, que tiene un peso clave en la narración aunque nunca sale del ensueño de su póster colocado en la pared. La vemos en el cine dentro del cine y en todo su esplendor en su memorable escena de «Gilda», mientras nos transporta a un público de reos que están viendo una película, pero ante todo viviendo una experiencia celestial.
Tal vez pocas actrices (o actores) puedan decir que logran ese efecto. A mí también me pasó con Marilyn Monroe en «The seven year itch», en aquella escena cuando baja la escalera del dúplex y remata con una sonrisa equivalente a la mirada de Medusa.
Le sugiero que las vea a las dos en las mencionadas cintas, sólo lo hago para que pueda centre su atención en ellas y se dé cuenta de por qué robaban suspiros entonces y por qué lo siguen haciendo ahora.
Por la pared de la celda de Andy pasan también la misma Marilyn y Raquel Welch. Ahí se conduce solapada una evolución y un transcurrir de los minutos y los días, tiempo del que él se olvida para aceptar los cambios y adaptarse sin perder de vista su objetivo.
Andy nos enseña que en lo hermoso hay esperanza aún en medio de una rutina estática, y que en lo difícil hay satisfacción cuando no se desfallece sin importar lo lejos que esté la meta. Digno ejercicio del ir despacio, con el ojo abierto.

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El 17 de abril de 1994 ocurrieron por primera vez las elecciones donde todos los sudafricanos pudieron votar sin importar el color de su piel, eligiendo por mayoría a Nelson Mandela. Atrás quedaba el terrible apartheid. En esa fecha se festeja en aquel país el día de la libertad, más que casualidad es serendipia.
Aquel 1994 fue un año con sendas obras que le arrebataron el lugar que mereció esta película. Para los premios de la academia llegó con siete nominaciones, entre ellas la de mejor película y mejor actor para Morgan Freeman y se fue con cero galardones. La ganadora de la noche fue «Forrest Gump» que arrasó también frente a «Pulp Fiction», ganadora de la palma de oro en Cannes. Ese año fecundo vimos entre otras «Léon: the professional», «Legends of the fall», «Interview with the vampire» y «Natural born killers».
En el resto del mundo fue la misma historia, muchas nominaciones, pero otros obtuvieron los galardones.
En aquel tiempo no había redes sociales, y el voz a voz era parte del éxito o el fracaso de las películas en cartelera. Sin embargo aunque la obra de Darabont no gozó de ese lugar de privilegio, si lo hizo después cuando migró al video y se convirtió en una de las más rentadas del año 1995 (y más adelante de toda la historia), antes de que llegara a su estatus de celebridad cuando fue difundida masivamente por televisión desde 1997. Hasta años después de su lanzamiento recibió el merecido crédito, y esto está vigente ahora.
Por entonces teníamos los canales de suscripción por cable, donde solo pasaban películas día y noche, muchas repetidas, otras malas. Tocaba estar pendiente del canal y la hora en que pasaban la peli que se quería ver. Ese era el streaming de hoy. La otra alternativa era ir a una tienda de video a la que debía estar afiliado y rentar una copia en casete para verla una o más veces en su reproductor casero de VHS.
Había que regresarla antes del plazo, si no cobraban la multa. Por cierto me quedé esperando entonces el premio por devolver la cinta rebobinada. Busque lo que es un VHS, o cómo se rebobinaba una cinta, se puede entender si lo análogo no le es familiar.
También eran los tiempos en que la tecnología apenas iba en hacer más pequeños los teléfonos móviles – aún no eran smartphones – llegaba la primera playstation y la música portátil más decente se lograba con un reproductor de CD.
Tenía que cargar con ese aparato reproductor y además llevar lo más selecto de su repertorio en un carrusel donde se colocaban los discos. Era todo un encarte y nunca había suficientes baterías.
En 1994 perdimos a Kurt Cobain, que con su banda lo había cambiado todo.
Los herederos del grunge y lo alternativo seguían haciéndose campo al lado del rock, con mutaciones que viraron hacia el punk o se desviaron al pop, cada vez más lejos del glam metal y las rock ballads.
Se hace salvedad como ejemplo, que el número uno del Billboard hot 100 ese año fue «The sign» por Ace of base, y lo que dominó la escena fueron otras movidas similares.
El género rock reaccionaba con lentitud, nadando contra una corriente de música melancólica y triste. En aquel conteo aparecieron «Because the night» por 1000 maniacs, «Streets of Philadelphia» por Bruce Springsteen, «Amazing» por Aerosmith o «Always» por Bon Jovi.
Sin embargo de ese año pare oreja a los trabajos de bandas como Live («Throwing copper»), Smashing pumpkins («Pisces iscariot»), Korn («Korn»), Stone temple pilots («Purple»), Oasis («Definitely maybe»), The offspring («Smash»), Blur («Parklife»), Megadeth («Youthanasia»), R.E.M. («Monster»), Pantera («Far beyond driven»), Meat puppets («Too high to die»), The rolling stones («Voodoo lounge»), Alice in chains («Jar of flies»), Pearl Jam («Vitalogy»), Soundgarden («Superunknown»), Nirvana («MTV unplugged»), Jeff Buckley («Grace»), Weezer («Weezer»), Nine inch nails («The downward spiral») o Green day («Dookie»), que se catalogó como el mejor del año.
En español no deje pasar a Café Tacuba («Re»), Enanitos verdes («Big bang»), Manu Chao («Casa Babylon»), Duncan Dhu («Piedras») o Caifanes (El nervio del volcán»). Ahí por encima no más, de todo para todos.
Para el receso vaya directo a «Backwater» por Meat puppets, oiga sin prisa ese riff.
Mención de honor para «Aquí no es así» por Caifanes, «Closer» por Nine inch nails, y «Basket case», por Green Day.
Si no sabe de qué músicas le estoy hablando, pues lo siento, no ha de ser rockero. Pero ánimo, siempre hay cómo rehabilitarse.
Lo cierto es que en la música en general en esa década continuaba una búsqueda constante y se hacían trabajos diferentes a lo cronológicamente anterior y también diferentes entre sí. Hay cosas que sí cambian.
Para que oiga, le dejo esta playlist:
notas del muro – 1994 playlist by pepebogota on Spotify
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La historia de Andy y Red es maravillosa, la forma apacible en que se cuenta hace más que soportable la duración del film que llega a las 2 horas y 22 minutos.
A pesar de que siempre sean hombres, que estén entrecruzados compartiendo lo bueno y lo malo, la rutina y los miedos, los sueños y las pesadillas, aunque sean ellos mismos en esto o en aquello, la historia se desenvuelve de una forma muy bien lograda gracias al ritmo de su montaje que fluye sin vacíos o quebrantos.
Para seguir con lupa las actuaciones en los personajes principales, pero también en el reparto, donde se desarrollan líneas paralelas que enriquecen y le dan volumen a las relaciones entre ellos.
Para los detractores, aquí está el pero de la película, que porque se complica pudiendo resolver más fácil o porque cae en el sentimentalismo gratuito. Puede que sea considerado su punto débil, pero el éxito en el esfuerzo dirigido al tratamiento de estos personajes secundarios es uno de los factores que hace que sus historias sean tan identificables para el ojo y tan fáciles para el corazón.
La prisión prevalece como otro de los grandes personajes del film, es definitiva su influencia. La historia del «institucionalizado» Brooks es palpable y su desenlace da directo en el alma.
La escena de la pieza de Mozart sonando en el patio ante la incredulidad de los reclusos presenta un contraste entre la belleza y la sorpresa de quienes antes solo estaban allí ausentes. El edificio es el ancla a la realidad que se nos quiere mostrar, esa de la que es casi imposible salir.
La cinematografía es muy cuidadosa, hermosamente lograda con tonos cafés y verdes en los sucesos de los años 1940, evolucionando al brillo y diversidad en las postrimerías de los años 1960.
A lo largo del film se da acierto tras acierto, planos de artesanía pura, con hermosos encuadres que nos llaman la atención de cuando en vez por su significado y valor. Tenga pendiente la cara del jefe de la prisión viendo el hoyo.
Si quiere un buen final, pues esta película tiene uno como ningún otro, con un giro emocionante en el preludio.
De alguna forma esa esperanza que también nos movió ciegos por un mar de mierda, hace que todos nos sintamos sublimes y libres al sentir las arenas de la playa de Zihuatanejo bajo nuestros pies descalzos.
Véala sin prisa, deje entrar la esperanza, la compasión y la libertad. Si se la va a repetir, mejor, buen provecho!.


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