Piénselo con la ventaja que da la prudencia. Esta virtud le abre la puerta a otras que necesitamos para encaminarnos hacia el progreso interior, fin del ser humano.
09/07/08
La cita es de alguno de los abuelos, si no fue Luisinho fue Lola. Uno de ellos dijo esto mientras me quitaba de las manos otra mosca que yo dejaba sin alas en el marco de la ventana, caían fácil. Esto mientras el otro de ellos me enseñaba por vez definitiva a amarrarme los zapatos. Tal vez entre ambos hicieron las dos cosas.
Sumada a estas dos enseñanzas únicas en su valor por ser fundamentales, hubo otra: «cuida tu boca», que puede ser complemento de mantenerla cerrada para que no entren las moscas, y que le salvó la vida a Simón Bolívar, a mí, y de hecho se la puede salvar a cualquiera.
Si comenzara a enumerar cuántos han perdido la vida por no tener la boca cerrada – lo que es un simple ejercicio de no tener prisa – la lista sería interminable. Esta prudencia de la que hablamos es invaluable, especialmente en circunstancias extremas.
Aquel día extremo cuando se cerró ese círculo primario y pude anudar los cordones ante la mirada de los abuelos mientras cerraba la boca y abría los ojos, fuimos a mi circunsición programada para las diez de la mañana.
A las once en punto estaba en la 51 con caracas de vuelta a la casa esperando una buseta tomado de la mano, una con cada uno de los sabios. Por la gracia de todos los santos y dioses del mundo mi prepucio estaba completo.
El médico me indujo en la práctica de un tratamiento manual que no tardé repetir sin obligación alguna y con magníficos y duraderos resultados. Lo cierto fue que me salvé del bisturí.
La recuperación de esa cirugía si que debe ser una tortura, y aunque yo era pequeño también era precoz, así que imaginaba con horror el dolor de una erección.
Había anunciado en mi colegio lo que me harían, principalmente a mis compañeritas les hablé en detalle sobre el procedimiento. Usted, adulto irresponsable, creerá que animado a pedirles ayuda en la convalecencia, pero de hecho solo estaba maravillado por sus caras de susto.
Cuando volví a verlas al día siguiente en la clase recordé que habría sido mejor no decir nada. Ahora bien hubiera podido requerir ayuda con el tratamiento manual, pero yo no entendía muy bien las ventajas de esa ayuda a la edad inocente y me quedé callado procurando que todo fuera puesto en el olvido, aunque no fuera por prudencia sino por vergüenza.
Si mantiene la boca abierta le recomiendo que la cierre, si no puede callar, con más veras. La práctica hace al maestro.
Amarrarse los zapatos también es un ejercicio de paciencia, cultívelo a diario.
Cuide su boca, probablemente si eso que va a decir está de más, lo mejor es que lo guarde para usted, no pasa nada.
Precautele sin descanso lo que entra y sale del cerco de sus dientes, vale la pena estar pendiente, sin afán alguno. Si algo le preguntaron, tómese todo el tiempo para responder, no acepte presiones, cualquier respuesta apresurada podría poner en riesgo incluso su vida.
Si no lo han circuncidado, lo felicito: está demostrado que la sensibilidad del glande se conserva en su nivel ideal si se ha mantenido protegido en su capuchita de piel retráctil. Basta con mantenerlo bien aseado. Incluso hay un club del que puede hacerse socio, allí todos anuncian con orgullo tener toda la piel en su lugar.
Consienta su miembro, no le de bisturí.

